
Evan: Sabía que debía encontrarte, así que fui con tu padre y lo obligué a que me diga dónde estabas. Entonces vine y ya sabes el resto.
Kayleigh: Tienes razón Evan, no te creo.
Evan: No esperaba que lo hicieras; por eso no se lo había contado a nadie hasta ahora y seguramente no volveré a hacerlo.
Kayleigh: ¿Soy la única persona a quien se lo has dicho? ¡Que buena frase! ¿Eso exita a otras chicas? ¿De verdad se creen esa tontería?
Evan: Sabes, en realidad no me interesa si me crees o no. Sinceramete estoy muy cansado para probartelo.
Kayleigh: Ahh, entonces ¿hay alguna prueba?
Evan: Sino cómo se que tienes dos lunares en el muslo
Kayleigh: Cualquiera con 50 dólares podría decírtelo.
Evan: Está bien, olvida eso. ¿Qué tal el hecho de que prefieres el olor de un zorrillo al de las flores? O que odias el cilantro, porque por alguna razón que no entiendes te recuerda tu media hermana. O que cuando tienes un orgasmo se te duermen los dedos. De seguro todos tus clientes también lo saben. Yo creí que deberías saberlo.
Kayleigh: ¿Saber qué?
Evan: Que alguna vez fuiste feliz, conmigo.